1. Breve descripción:
Papers, please será uno de los pocos juegos, que intenta hacer lúdico a la burocracia gris – y la primera vez con la que se enfrentará el alumnado, aún con sus mentes inocentes sobre del mundo adulto respecto los formularios; las taquillas aún solo son para acceder a las atracciones; y el término de funcionario solo lo asocian con profesores, médicos, policías y bomberos.
En este juego el jugador es un inspector fronterizo de una aduana durante los años 80 del país ficticio Arstotzka, quién controla los pasaportes y otra documentación, tanto de ciudadanos como de extranjeros quienes desean acceder.
No sería necesario continuar hablar sobre este juego, si solamente consiste en revisar pasaportes, comprobar las fechas de expedición y aceptar o rechazar las peticiones de acceso. Nos encontramos con que se quiere acceder a un país con régimen totalitario, clausurado como lo fue el oriente para el occidente durante la guerra fría. Hay más detrás de esta fachada gris: El jugador tiene que mantener a su familia, y cualquier fallo que comete, se le hace pagar recortándole la nomina. Tras pocos días de trabajo, siempre suele ocurrir algo imprevisto – una enfermedad, cuya cura es algo más costoso, o un gasto grande imprevisto. ¿Y ahora, de donde se saca más dinero?
De allí, que de vez en cuando unos contrabandistas, que hasta ahora fueron rechazados, se les escucha cuando ofrecen dinero a cambio del paso. Y – aparte del dinero – hay otras cuestiones que rápidamente influyen a la aburrida y triste vida del inspector aduanero: Terroristas o guerrilleros supuestamente demócratas quieren entrar, por la fuerza, amenazando o sobornando. Por si fuera poco, también cambian a diario los requisitos para poder acceder. Y ese estrés arbitrario lo nota el jugador. Si el primer día basta con rechazar a los extranjeros con un pasaporte caducado, tras una semana ha de comprobarse altura, color de pelo, validez de fecha del pasaporte y del certificado de trabajo para poder pasar la aduana, en las que intentan falsificar en más de una ocasión un documento porque les falta. Y – ay! – el servicio secreto acaba de multar de nuevo, por haber dejado pasar a una persona que había mentido sobre la duración del permiso de su trabajo: Dijo que eran 6 meses, pero en su certificado eran 6 semanas.





